domingo, 19 de noviembre de 2017

JUEZ Y VICTIMA


 

Los seres humanos somos animales domesticados. Antes de que naciéramos, el sueño del planeta ya existía, con todas sus normas, creencias y esperanzas. Un ser humano normal, puro, seria todavía libre, como lo fue en la infancia antes de la culturización, entre el año y medio y los tres años de edad, aproximadamente. Es entonces cuando ha desarrollado lo suficiente la mente como para comprender lo abstracto y controlar en buena medida el lenguaje para comunicarse con otros seres humanos.

Sin embargo, el proceso de educación todavía no ha tenido lugar. Este pequeño ser humano sigue su tendencia normal a jugar, explorar, reír y disfrutar de la vida. Casi todas las emociones del niño proceden del amor, es libre y vive el presente. No le preocupa el ayer, tampoco el mañana. Los adultos viven inmersos en el pasado, y están tan preocupados por intentar labrarse un futuro que eluden el presente.

El sueño espera para enseñar al niño pequeño como incorporarse al sueño del planeta. Nuestros padres, hermanos mayores, profesores, la escuela, la religión, la sociedad etc… contribuyen a mantener vivo el sueño a través de la culturización. Esta se impone con la recompensa y el castigo. Mama y papá nos domesticaron del mismo modo que los domesticaron a ellos. Nos introdujeron a los conceptos del bien y del mal  con recompensas para el uno y castigos para el otro.

Por lo general, cuando se nos castiga sentimos que es injusto y nos rebelamos. Eso abre una brecha en nuestra mente, y el resultado de esa herida es que producimos veneno emocional, no físico. Y ese veneno emocional llega a nuestra mente. El miedo aparece y dirige a partir de ese momento nuestro comportamiento y nuestra mente. Tememos al castigo y también tememos no recibir recompensas. Esta se entiende como una señal de aceptación, luchamos para merecerla ante nuestros padres, nuestros profesores y amigos y ante la misma sociedad.

Mientras crecemos, estamos sujetos al juicio de otros y a las polaridades que nuestra sociedad apoya, como lo correcto e incorrecto, lo bello y lo feo. Y pronto empezamos a emitir nuestros propios juicios. La culturización se vuelve tan férrea que ya no necesitamos a nadie para la tarea porque la asumimos por nosotros mismos, castigándonos y recompensándonos de vez en cuando.

Existen tres componentes en nuestra mente que participan de modo activo en ese proceso de autodomesticación. El Juez es la parte de nuestra mente que juzga lo que hacemos y lo que no hacemos, lo que sentimos y lo que no sentimos, y también todo y a todos. La Victima recibe el veredicto y el Juez suele hallarla culpable. La parte Victima de nuestra mente se siente indigna y merecedora de castigo.

La tercera parte de la mente que participa en la emisión de juicios es el sistema de creencias que nos han enseñado y que incluye todas las normas de como soñar nuestra vida. El sistema de creencias es una especie de constitución o de libro sagrado donde todo lo que creemos sin discusión constituye nuestra verdad. En todas las familias se transmite algún libro de este tipo, el Juez y la Victima están siempre presentes, con independencia de la corrección o incorrección del sistema de creencias que hemos aprehendido.

martes, 14 de noviembre de 2017

¿VIVES EN LA OSCURIDAD O EN LA LUZ?




El mito de la caverna de Platón es uno de los mayores  símbolos de la filosofía idealista. No solo ha influido en el desarrollo de la Filosofía y la  psicología sino que también ha marcado la forma de pensar de la sociedad occidental. Aunque en un primer momento puede parecer una idea antigua y desfasada, lo cierto es que este mito es una excelente metáfora que intenta reflejar la doble realidad en la que todos vivimos y de la que nos resulta difícil escapar. Por eso en estos tiempos, el mito de la caverna de Platón  es más actual que nunca.

Quien vive en la oscuridad, se resiste a ver la luz

Hace algunos años Philip K Dick escribió: “La realidad es aquello que no desaparece aunque dejes de creer en ella”. Sin embargo, ¿cómo podemos estar seguros de que lo que observamos es la realidad? Después de todo, mucho de lo que experimentamos es el producto de nuestra percepción y está mediado por nuestras vivencias internas.

Hace unos 2000 años, Platón se planteó este mismo dilema e intentó explicarlo a través del mito de la caverna, que se ha convertido en una parábola muy interesante sobre el significado de la vida en sociedad y la naturaleza de la realidad. La describió en el Libro VII de la Republica, donde imagina una sociedad ideal.

Platón nos cuenta que un grupo de hombres han sido condenados desde su nacimiento a permanecer encadenados en las profundidades de una caverna. Nunca han podido salir de ella, y tampoco tienen posibilidad de mirar hacia atrás para comprender el origen de esas cadenas o ver qué sucede a sus espaldas, fuera de la cueva.

Por tanto, se limitan a mirar las paredes de la caverna. Cada cierto tiempo por la entrada de la cueva pasan otras personas y animales. Los hombres encadenados solo pueden ver sus sombras y ecos, que se proyectan sobre las paredes de la gruta.

Los prisioneros perciben esas sombras y las nombran, creyendo que perciben cosas reales ya que no son conscientes de que son tal solo proyecciones de la realidad. Sin embargo, un buen día, liberan a uno de los prisioneros. Este sale a la luz, pero el sol lo ciega, encuentra que todo a su alrededor es caótico ya que no logra darle un sentido.

Cuando le explican que las cosas que ve son reales y que las sombras son meros reflejos, no puede creerlo. Finalmente se adapta y decide volver a la caverna para contarle al resto de los prisioneros su fantástico descubrimiento.

Sin embargo, acostumbrado a la luz del sol, sus ojos tienen problemas para distinguir las sombras de la oscuridad, por lo que el resto de los hombres encadenados creen que su viaje lo ha hecho estúpido y ciego. Por tanto, se resisten a creerle y ser liberados, recurriendo incluso a la violencia.

No creas que eres inmune al engaño y la mentira.

Hay muchas personas que pueden sacarle provecho a tener a los demás en una situación de engaño y mentira, como a los prisioneros encadenados de la caverna. Y no se trata únicamente de las clases políticas o de los poderes económicos dominantes, sino también de personas manipuladoras, de hecho, el gaslighting  (o hacer luz de gas) es un ejemplo emblemático de cómo alguien puede manipular la realidad para lograr sus objetivos.

Pensar que somos inmunes al engaño y la mentira, porque somos más listos o tenemos más experiencia, significa que ni siquiera nos planteamos esa posibilidad, por lo que les estaremos dando ventaja en su juego se sombras chinescas. En su lugar, debemos cuestionarnos continuamente las cosas, incluso aquellas que siempre se han dado por sentadas, porque siempre hay una manera mejor, más conveniente o simplemente diferente de hacer y comprender las cosas.

No desaproveches los rayos de luz.

De cierta forma, una parte de nosotros son esos prisioneros encadenados en la caverna. Una parte de nosotros se siente cómoda con los estereotipos y creencias familiares, con las tradicionales que nos hacen sentir seguros. Cuando vemos un rayo de luz que nos obliga a analizar esas cosas bajo otra perspectiva, nos asustamos y podemos actuar como los prisioneros, negando rotundamente la nueva realidad.

Es cierto que los cambios de paradigma pueden generar miedo porque nos arrancan los puntos de referencia al hacer que nos cuestionemos algunas de las creencias que dábamos por verdades absolutas, pero si realmente queremos crecer, no podemos apegarnos a ninguna forma absoluta de ver el mundo, debemos abrirnos al fluir de nuevas ideas y perspectivas.

Liberarse es duro.

Liberarse de las cadenas, cuando estas siguen atando a los demás, suele ser un proceso emocionalmente complejo. No es fácil rebelarse cuando existe una dinámica social instaurada de la que hemos formado parte durante mucho tiempo.

Las revoluciones, ya sean sociales o personales, siempre implican emociones contradictorias y demandan concesiones. A lo largo del “proceso de liberación” no solo tendremos que lidiar con personas significativas que preferirán seguir encadenadas en la caverna sino que también tendremos que liberarnos de creencias que hasta ese momento formaban parte del núcleo duro de nuestra personalidad.

Eso puede generar malestar e incomodidad. Hay quienes piensan que los sacrificios no merecen la pena y prefieren seguir “encadenados”, en el sentido metafórico. Sin embargo, tomes la decisión que tomes, lo importante es que has tenido la oportunidad de decidir por ti mismo.

La ignorancia es cómoda.

Alan Watts dijo que “la mayoría de la gente no solo se siente cómoda con su ignorancia, sino que es hostil con cualquiera que lo señale”. Esa es la misma idea que intento transmitir Platón con su mito, de hecho, no debemos olvidar que algunas de sus ideas eran consideradas demasiado peligrosas para el status quo imperante y que le reportaron más de un sinsabor.

A veces pasamos por alto este detalle, de manera que intentamos brindarles luz a las personas con nuestro conocimiento, pero esas personas no están preparadas para asimilarlo. Las puertas de la mente no se pueden abrir de par en par cuando han estado mucho tiempo cerradas porque podemos exponernos incluso a una reacción violenta. La solución no es rendirse, sino ir abriendo poco a poco pequeños resquicios.

 Jennifer Delgado

viernes, 3 de noviembre de 2017

ADAPTACIÓN

 
 

NO TE ADAPTES A LO QUE NO TE HACE FELIZ


A veces, sin darnos cuenta, terminamos acostumbrándonos a situaciones que nos hacen infelices. Nos adaptamos a rutinas cotidianas y nos contentamos con relaciones que no nos hacen felices simplemente porque nos limitamos a seguir adelante, impulsados por los hábitos que marcan el ritmo de nuestra vida.

Es como si la vida girara tan rápido que no nos da tiempo a parar, reflexionar y darnos cuenta de que no vamos por el camino correcto o, al menos, por el camino que nos permita ser más felices y sentirnos más satisfechos. Así seguimos funcionando en piloto automático, nos olvidamos de vivir y nos limitamos a sobrevivir como buenamente podemos.

La búsqueda de la seguridad es una espada de doble filo.

Cuando éramos pequeños, nuestros padres nos ataban los cordones de los zapatos con un doble nudo para que no se desataran y cayéramos. También solían subirnos hasta arriba la cremallera del abrigo, para que no nos resfriáramos y estuviéramos calentitos. Estos cuidados generaban cierta presión corporal, pero la soportábamos porque también nos causaban sensación de seguridad, de estar protegidos.

Ese mecanismo no desaparece al crecer, soportamos ciertas presiones porque nos hacen sentir seguros. Aunque no siempre somos conscientes de ello, en muchos casos preferimos la seguridad a la felicidad. Esa es la razón por la que muchas personas pasan toda su vida soñando con algo pero nunca se deciden a dar el paso, porque eso significaría renunciar a la seguridad conquistada.

El problema comienza cuando esa seguridad no nos hace felices sino que nos convierte en personas amargadas y frustradas, con la vista siempre puesta en un futuro que no nos atrevemos a hacer realidad. El problema es cuando hemos creado lazos que nos atan tan fuerte que nos impiden respirar.

La adaptación asegura la supervivencia, no la felicidad.

Nuestra capacidad de adaptación es enorme, pero el problema es que la adaptación está enfocada a la supervivencia, no a la felicidad. Esto significa que podemos adaptarnos a situaciones que no nos hacen felices, solo porque prevalece el instinto de supervivencia, que es muy poderoso.

Esa es una de las razones por las que las personas pasan gran parte de su vida realizando trabajos que no les gustan o mantienen relaciones que han dejado de satisfacerles emocionalmente con personas con las que no tienen ningún punto en común más allá del hábito construido a lo largo de los años.

Nos adaptamos a situaciones que nos hacen infelices debido a que estas generalmente ocurren de manera paulatina. Sin darnos cuenta, nos sometemos a un mecanismo de desensibilización sistemática. Ocurre a menudo con la violencia: primero llegan las humillaciones verbales, luego se escapa un golpe y al final la violencia se convierte en el pan cotidiano.

Sin embargo, la desensibilización no se limita a la violencia sino que se extiende a todas las esferas de la vida. Y cuando la situación es muy dolorosa o provoca una disonancia cognitiva, podemos en práctica diferentes mecanismos de defensa que nos protegen.

En el desplazamiento, por ejemplo, redirigimos una emoción o sentimiento sobre una persona u objeto que no puede responder, porque de esta manera podemos seguir manteniendo una relación con la persona que realmente generó ese sentimiento. Obviamente, vivir de esta manera implica condenarse a la infelicidad, es como vivir con los ojos cerrados negándonos la posibilidad de alcanzar algo mejor.

Para ser feliz hay que tomar decisiones.

Hay un momento para la adaptación y un momento para el cambio. Hay momentos en los que necesitamos descansar en nuestra zona de confort y otros en los que necesitamos salir de ella. La clave radica en encontrar el equilibrio y saber cuándo ha llegado la hora de cambiar de rumbo.

La felicidad no llega sola, es necesario tomar decisiones. Debes ser consciente de que para avanzar tendrás que dejar cosas atrás. Si cargas con todo, el peso no te dejara progresar. Llegará un punto en la vida en el que no necesitaras el doble nudo en los zapatos sino que podrás atreverte a caminar descalzo. Si realmente lo deseas.

En ese momento tendrás que preguntarte:

¿A cuanta seguridad estas dispuesto a renunciar para proseguir tú sueño?

miércoles, 1 de noviembre de 2017

ENERGIAS BENEFACTORAS




Eric Auli tenía 16 años cuando, durante un viaje de fin de curso a Florencia (Italia), en 1966, vivió en la basílica de la Santa Croce “una experiencia como de posesión” : se sintió tan sobrepasado por sus emociones como Stendhal en 1817, (su descripción define el famoso “síndrome de Stendhal” ).

Después, la vida de Auli entró en años de mucha actividad y aquel episodio quedo arrinconado en su memoria. La extraña sensación se repitió, amortiguada, en otros lugares: junto a la fuente del Parque Natural del Monteny, en Barcelona y en Stonehenge, el conjunto megalítico del condado de Wiltshire, (Inglaterra), durante una madrugada fría en la que sólo había cinco persona en aquel enclave.

Auli tiene una vasta experiencia en construcción y medio ambiente, no se considera esotérico y recuerda los fenómenos con calma. Pero llego un momento, al acercarse a los 40 años, en que empezó a interesarse por las energías sutiles que percibía ahí donde nuestros antepasados habían decidido edificar lugares de culto, de reunión social o tumbas, emplazamientos destinados a favorecer la espiritualidad.

Auli entro en contacto con la Asociación de Estudios Geobiológicos (GEA)  para hallar una explicación científica al gran bienestar que sentía en esos lugares. La geobiología se define como una ciencia que estudia las energías que emanan del interior de la Tierra y su relación con los seres vivos y trata de recuperar un saber que demostraban tener pueblos y culturas antiguos a la hora de elegir donde situar sus monumentos y como orientarlos.

La premisa de la geobiología es que estamos inmersos en un mar de energías sutiles que no siempre podemos medir, pero que nos afectan positiva o negativamente. “Existen fenómenos todavía no explicables, pero no por ello menos reales”. Dice el arquitecto y geobiólogo Pere León.

Un caso paradigmático es el de la catedral de Chartres, en Francia. El edificio actual se levantó sobre las ruinas de cuatro iglesias anteriores, construidas sucesivamente sobre un antiguo centro de formación de druidas, a su vez instalado donde ya se había alzado un menhir. Es un emplazamiento que diferentes culturas han apreciado, tal vez por tener una influencia telúrica que se canalizo con distintos métodos constructivos para crear un espacio donde las energías estuvieran equilibradas.

“La catedral de Chartres tiene una potencia energética impresionante-dice Auli- sobre todo en el altar principal, donde, además de cruzarse líneas electromagnéticas transcurre una corriente de agua subterránea natural que los constructores reforzaron con doce canales artificiales, de forma parecida a como ocurre en la catedral de Santiago de Compostela.

Todo esto confiere al altar la máxima energía. El  sacerdote permanecía durante la celebración de espaldas a los fieles, sobre el punto más energético, y de pronto se daba la vuelta y abría los brazos proyectando esa energía hacia los feligreses. Cabe imaginar la impresión que producía.

El otro punto energéticamente sobresaliente de la catedral de Chartres es el laberinto medieval que permanece trazado sobre el pavimento de la entrada principal, con el que se cumplía en precepto eclesiástico de la peregrinación. Al igual que en Chartres o en los alineamientos de Carnac, en Bretaña, podemos captar unas energías benefactoras en la catedral de Santiago de Compostela, en el santuario de Núria o en las iglesias medievales de Ripolles en Girona. También en lugares menos conocidos, como en los crómlech  megalíticos de la sierra de Aralar en Guipúzcoa.

Faltan estudios sobre los efectos de las energías telúricas, pero podemos tratar de sentirlas abriéndonos a ellas en lugares y enclaves que desde tiempos remotos han elegido para la experiencia espiritual.

Yvette Moya-Angeler

domingo, 22 de octubre de 2017

CUANDO LA DEPRESION SONRIE.


 
 
Encuentras a un amigo que no está pasando su mejor momento, le preguntas cómo está y te dice que “bien” mientras esboza una sonrisa. Sin embargo, tú sabes que se encuentra mal, que tiene problemas y que por su mente rondan muchas preocupaciones. Te das cuenta de que su sonrisa es fingida pero, aun así, la aceptas y cambias el discurso.

Desgraciadamente, esta situación es bastante común. De hecho, incluso nosotros mismos hemos intentado en algún momento esconder la tristeza, el estrés y las preocupaciones detrás de una máscara de tranquilidad y satisfacción, les impedimos a las personas que nos ayuden y es más fácil que nos sumamos en el pozo negro de la depresión.

Cuando la depresión sonríe….
Algunos están deprimidos pero logran ser funcionales y hasta bromistas en su vida cotidiana. Se trata de personas que llevan su dolor por dentro, no lo exteriorizan y se van consumiendo a fuego lento, hasta que llega un momento en el que caen a pedazos porque no pueden soportar más el peso de la máscara que han construido y llevado durante meses o incluso años.

De hecho, en el ámbito de la Psicológica existe lo que se conoce como “depresión sonriente”. Esta persona brinda una apariencia de normalidad e incluso de felicidad, porque vive los síntomas de la depresión en su interior, no los exterioriza sino que se esfuerza por ocultarlos. Como resultado, incluso los demás pueden pensar que tiene una vida perfecta.

Las causas son diversas, pero, en sentido general, la sonrisa equivale a un mecanismo de defensa, es una máscara que sirve para ocultar un estado.

-Se avergüenza de su problema. No podemos olvidar que la mayoría de los problemas mentales aún están cubiertos por un estigma social por lo que muchas personas no quieren que los demás sepan que están deprimidas. De hecho la depresión en particular, es considerada por algunos como una falta de fuerza de voluntad y de carácter, por lo que es comprensible que si se tiene este perjuicio, se intente ocultar al considerar que se trata de un “defecto”.

-No quiere reconocer la depresión. En algunos casos, la persona no desea reconocer su estado y se esconde detrás de una apariencia de normalidad, quizás con la esperanza de que la depresión desaparezca por sí sola. En estos casos, se produce una negación y la sonrisa es un mecanismo de autoafirmación a través de la cual se dice a sí mismo que no es para tanto, que en realidad se siente bien.

-No desea preocupar a los demás. Algunas personas tienen la tendencia a guardar los problemas para sí, son introvertidos por naturaleza y no quieren preocupar a sus seres queridos con sus dificultades. En esos casos, fingen estar bien para no convertirse en una carga o una preocupación para los demás.

-Le preocupa mucho su imagen. Hay personas que piensan que los demás les valoran y estiman solo por la imagen que transmiten. Por eso, se esfuerzan por fingir que todo se encuentra bien, por esconder la depresión y su verdadero “yo” convirtiéndose en personajes que suben cada día a un escenario de teatro.

-¿Quiénes son más propensos a sufrir la depresión sonriente?

- Las personas introvertidas, que tienen una tendencia a guardarse los problemas o les cuesta hablar de sus emociones.

- Las personas perfeccionistas, esas que se exigen mucho a sí mismo y creen que no pueden fallar en ningún ámbito de la vida.

- Las personas híper responsables, que creen llevar el mundo sobre sus hombros y piensan que si se derrumban, ocurriría un cataclismo de proporciones épicas.

Los peligros que entraña la depresión sonriente

La persona deprimida que opta por la sonrisa sufre, pero intenta vivir como si no sufriera. Sin embargo, las emociones y los sentimientos nunca se deben obviar u ocultar porque ello no hará que desaparezcan. Como resultado, esa persona que quizás pretende escapar de la depresión, en realidad lo que está haciendo es alimentándola. A la larga, esa actitud le pasará factura. De hecho, no son pocos los casos de intento suicida que toman a los amigos e incluso a los familiares completamente desprevenidos.

Por otra parte, la persona que intenta esconder la depresión generalmente se encarga de llenar su agenda, de manera que termina llevando un ritmo de vida frenético que le produce un gran desgaste. Esa necesidad de sobreactuar cada día, termina haciendo que se desmoronen emocionalmente porque no es posible poner buena cara todos los días ni a todos. Antes o después, la irritabilidad, el cansancio, la tristeza y la tensión encuentran un espacio para salir a la luz.

El problema es que en este punto, la persona se encuentra de repente cara a cara con su realidad y siente que está en un callejón sin salida y sin nadie que le pueda ayudar. Por eso, puede llegar a atentar contra su vida. 

Fingir la sonrisa no es la solución

Un estudio particularmente interesante realizado en la Universidad Estatal de Michigan ha analizado el impacto de una sonrisa falsa en nuestro estado de ánimo. Estos psicólogos siguieron a un grupo de conductores durante dos semanas y descubrieron que mientras más sonrisas fingían, peor era su estado de ánimo al regresar a casa, un estado de ánimo marcado por la irritabilidad, la ira y la tristeza.

Por tanto, es importante que seas consciente de que las emociones negativas no desaparecen por sí solas, se deben afrontar. Ocultar o evitar el problema no hará que se solucione. Además, también debes saber que la depresión no solo se resuelve dentro de las paredes de una consulta de Psicología. La familia y los amigos pueden desempeñar un rol importante, siempre que asuman una actitud comprensiva y te apoyen. 

 Por otra parte, si conoces a alguien que está intentando ocultar la depresión detrás de una sonrisa, habla con esa persona. No le presiones para que te cuente su situación porque de esta forma es probable que se cierre aún más. En lugar de ello, muestra tu vulnerabilidad y cuéntale tus problemas. De esta forma lograrás conectar emocionalmente y será más fácil que, al sentirse identificada con tus dificultades, te cuente a su vez las suyas.

 

martes, 17 de octubre de 2017

DECIR ADIOS.

 
 

CUANDO ALGO SE TERMINA.

 

CUANDO ALGO SE ACABA PARECE QUE SE CIERRAN TODAS LAS PUERTAS, NO SOLO LA QUE ACABA DE CERRARSE, SINO TAMBIÉN EL RESTO QUE NI SIQUIERA VEMOS ENTONCES.

 
Terminar algo es inherente al momento en el que empieza porque todo, y la propia vida es el mejor ejemplo, lleva implícito su final en el comienzo.

 
Cuando acabamos algo, cuando pasamos página, cuando cerramos un capitulo, cuando decimos adiós definitivamente, nos puede llevar a la más absoluta desesperanza, sobre todo si no lo esperamos. Nos parece imposible, nos preguntamos por qué, recordamos lo bueno y evitamos lo desagradable. Lo magnificamos, nos hacemos víctimas de golpe y ponemos sobre nuestros ojos una venda opaca a través de la cual no vemos nada. 

 

CERRAR UNA PUERTA PUEDE SIGNIFICAR QUEDAR AL OTRO LADO. Un lado diferente con multitud de posibilidades, un límite sin fronteras en el que nos esperan nuevos comienzos con diferentes finales. Porque lo que es seguro es que todo termina y esto no es un mensaje derrotista solamente coherente con el devenir de la propia vida.

 
Algo que cuando empezamos sea lo que sea, siempre hemos de tener en cuenta y prepararnos para afrontar ese final que ocurrirá en algún momento.

 

Si pudiésemos ver que todo final es un nuevo principio saldríamos mejor parados de nuestros dramas. Es la esencia de la vida que no se detiene ante nada, principio y final se confunden en la sucesión de experiencias que un ser humano vive, siempre que acaba algo lo siguiente es el principio también de algo.

 

Hay que darse tiempo. ¿Cuánto? La cantidad la marcará la calidad de nuestra forma de esperar. Del sosiego y la conexión que tengamos con nosotros mismos, de la capacidad de soñar con lo que deseamos, de la sensibilidad para percibir más allá de lo que vemos.

 

Si estás en un momento de espera, gózalo. Es un tiempo para estar contigo, para hablarte con cariño, para mimarte desde dentro. A veces, cuando llega alguien, nuestra vida cambia tanto que dejamos de dialogar con nosotros para convertir en único interlocutor a la otra persona.

 

Cuando termina su paso por nuestra vida nos quedamos tremendamente solos. Por eso, por no habernos dado cabida en este diálogo que en muchas ocasiones se convierte en un monólogo sostenido por nuestro silencio.

 

SEGUIR NO ES COMPLICADO, SOLO REQUIERE “LA FIRME VOLUNTAD DE SEGUIR” Y LUEGO……. ESCÚCHATE. QUIÉRETE. ABRÁZATE FUERTE. SERÉNATE. Y A CONTINUACIÓN ……………….. VUELVE A ABRIR LA PUERTA.

 

lunes, 9 de octubre de 2017

TU COMPAÑERO.

 


Para lograr la libertad interior debes ser capaz de observar objetivamente tus problemas, en vez de perderte en ellos. No encontraras la solución mientras estés perdido en la energía de un problema. Todos sabemos lo difícil que es afrontar una situación si esta nos provoca ansiedad, temor o enfado. El primer problema que debes afrontar es tu propia reacción. No podrás resolver nada fuera hasta que te hagas cargo del modo en que la situación te afecta por dentro.

Generalmente los problemas no son lo que parecen ser. Cuando poseas suficiente claridad te darás cuenta de que el verdadero problema es que hay algo dentro de ti que es susceptible de tener un problema con casi cualquier cosa.

El primer paso es afrontar esa parte de ti. Eso implica un cambio en la consciencia, de tal manera que en vez de enfocarte en “la búsqueda de la solución externa” te centres en “la búsqueda de la solución interna”. Tienes que romper con el hábito de pensar que la solución a tus problemas reside en arreglar las cosas fuera.

La única solución permanente a tus problemas es entrar en tu interior y soltar esa parte de ti que parece tener tantos problemas con la realidad. En cuanto hagas esto tendrás suficiente claridad para afrontar todo lo demás. Puede que creas que es una tarea imposible, pero no lo es. Para ello, basta simplemente con que te observes a ti mismo sintiéndote celoso, temeroso o enfadado.

No necesitas pensar en ello ni analizarlo, basta simplemente con que te des cuenta de tu estado. Céntrate en quién es el que ve todo esto. ¿Quién nota los cambios que se producen internamente? Cuando le dices a un amigo: “Cada vez que hablo con Tomas me siento muy molesto”. ¿Cómo sabes que te sientes molesto?. Sabes que te sientes molesto porqué estas ahí dentro y, por tanto, sabes lo que está ocurriendo en tu interior.

Hay una distancia entre ti y la ira, el temor o los celos. Tú eres el que estás ahí dentro notando estos estados.

Cuando te asientas en la conciencia del testigo eres capaz de librarte de inmediato de estas perturbaciones personales. Comienza simplemente observando, sin más. Solo dase cuenta de que percibes de que percibes lo que está ocurriendo allí. Es muy fácil. Lo que notaras es que estás observando la personalidad de alguien que, como todo ser humano, tiene potencias y debilidades. Es como si estuvieras observando a alguien que estuviera allí contigo. De hecho es como si tuvieras un “compañero de habitación”.

Si quieres conocer a tu compañero de habitación, simplemente prueba a instalarte dentro de ti durante un rato en completo silencio y soledad. Tienes todo el derecho de hacerlo, de hecho, tu espacio interno es tu dominio.

Cuando aprendas a no identificarte con tu compañero de habitación, es cuando estarás preparado para liberarte. Instálate firmemente en el asiento del testigo y libérate de la sujeción que los hábitos mentales mantienen sobre ti. Esta vida que tienes es tuya, es tu vida. Recupérala.